¿En qué estamos?

¿En qué estamos? Segundo video en que el padre Gonzalo Espina nos invita a cosechar lo vivido el mes de enero y a disfrutar de este mes de febrero, en que nos aproximamos al tiempo de Cuaresma. .

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HOMILIA ENCUENTRO DIOCESANO

JUNTOS SEGUIMOS AL SEÑOR QUE NOS AMÓ Y ENSEÑÓ A AMAR

1Jn 3, 11-21. Sal 99, 1-5. Jn 1, 43-51

Colegio Salesiano. Valdivia, 5 de enero 2018

Queridos hermanos y hermanas:

            Estamos aquí porque algún día Jesús salió a nuestro encuentro y nos dijo: “Sígueme”, como le pasó a Felipe de Betsaida, según nos dice el Evangelio que acabamos de escuchar,. Seguramente, también en nuestra historia, ha habido algún Felipe que, como a Natanael, nos dijo que había encontrado a Jesús. Quizá pusimos peros… “¿de Nazaret puede salir algo bueno?” (Quizá hoy nos digan “¿de la Iglesia puede salir algo bueno?” Y ello desde el desconocimiento y la imagen tantas veces distorsionada). Sin embargo accedimos a la invitación: “ven y verás”, es decir a conocer directamente al Señor. Nos quedamos, como Natanael, tras un increíble encuentro con Jesús, descubriendo, que nos conocía y amaba incondicionalmente. Así iniciamos una aventura de fe y de amor, la aventura del seguimiento de Jesús…  Así es que, estamos aquí, como discípulos misioneros…

            Todos tenemos vocación de seguidores… y en el año pastoral que terminamos, trabajamos especialmente el tema vocacional e intensificamos la oración por las vocaciones y ministerios. Fruto de ello nos hemos propuesto un trabajo más coordinado de todos los servicios y realidades que tienen que ver con los jóvenes. Consideramos a los jóvenes como una prioridad permanentemente pero queremos dar un impulso especial este año que se celebrará el Sínodo de los Jóvenes. Vivimos con alegría y esperanza la inquietud e interés vocacional de algunos jóvenes y, particularmente, la Ordenación Presbiteral de Diego Gallardo, Misionero de la Preciosa Sangre, quien viene sirviendo en nuestra diócesis en la parroquia y en la cárcel.

Queremos seguir llamando a formarse para los diversos ministerios en los campos de la Liturgia (Ministros extraordinarios Comunión, Lectores, etc), de la Palabra (Catequistas, Educadores, etc.) y la Caridad (atención a enfermos, mayores, privados libertad, migrantes, etc). Por supuesto seguiremos llamando al Diaconado y Presbiterado. Necesitamos muchos corazones, pies y manos…, para servir.

Y…, hemos ido “viendo cosas mayores”. Nos hemos sentido amados y salvados. Sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos. La vida se fue cargando de sentido, con la misión de vivir y comunicar la alegría del Evangelio, con la tarea de construir el Reino de Dios ya aquí, sabiendo que un día gozaremos de él en plenitud. Nos fuimos experimentando más capaces de amar, por la fuerza del Espíritu de Dios derramado en nuestros corazones, siguiendo a Aquel que nos amó primero y entregó su vida por nosotros. Siguiendo al Señor que vino para que tengamos vida en abundancia…, para que vivamos un gozo que nadie nos podrá quitar…, para que hagamos partícipes a los demás de la alegría del Evangelio.

Sí, hermanos, es cosa de vida o muerte, por eso les invito a pensar: ¿Cuánto de vivos o de muertos estamos? La misión de Jesús iniciada en el gran acontecimiento de la Encarnación que estamos celebrando, y que culminó en su Pascua de Resurrección, consiste en ayudarnos a pasar de la muerte a la vida. Y ¿cómo vamos sabiendo que estamos haciendo este camino? Nos lo ha dicho la primera lectura: “Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte… No amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Así que, la pregunta sobre ¿cuánta vida? se transforma en la pregunta por ¿cuánto amor? Y, nos dice San Juan, “hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros”.

Amar es tener y dar vida. Lo nuestro es amar, es servir, como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo. Amar y mover los corazones al amor es la gran característica del liderazgo de Jesús y de sus seguidores. Un liderazgo cristiano, que de acuerdo a nuestras Orientaciones Pastorales, es la línea que nos corresponde profundizar este año.

Queremos celebrar esta tarde como Iglesia Diocesana, en la Eucaristía, que es fuente y culmen de nuestra vida cristiana, una profunda Acción de Gracias al Padre, por el don de su Hijo Jesús, en quien nos amó hasta el extremo. Amor actual, aquí y ahora, que se sigue prodigando a través de tantos dones recibidos. Y, agradecidos, queremos seguir ofreciendo nuestra vida al Señor. Queremos vivir una vida Eucarística, en acción de gracias y en ofrenda. Vida Eucarística que profundizaremos con toda la Iglesia chilena que este 2018 celebrará un Congreso Eucarístico.

            Queremos sentir y vivir que “Juntos hacemos Iglesia”. Por ello, junto a la ordinaria atención a la propia comunidad, movimiento, capilla o parroquia, necesitamos crecer en experiencia y conciencia de Iglesia Diocesana. Somos la Iglesia que peregrina en Valdivia. Quizá este momento de “sede vacante” sea una ocasión propicia para crecer en ello. Personalmente, quiero agradecer toda la colaboración, apoyo y oración, que me brindan. Y el trabajo que todos han seguido realizando con entusiasmo y generosidad. Esto muestra la madurez de nuestra Iglesia diocesana y de todos sus agentes pastorales… Muestra que sabemos asumir la vocación y ministerio propio, más allá de quien nos presida…

            Pero, como dice el Concilio Vaticano II (CD 11): “La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica”.

            Necesitamos un Obispo, con todo el significado apostólico (sucesión apostólica), sacramental (plenitud del sacerdocio) y pastoral (pastor propio). Vivimos un tiempo de administración apostólica, en nombre el Papa, supliendo la falta de Obispo; con un administrador que asume las competencias y obligaciones del Obispo diocesano pero, lógicamente, con algunas restricciones, propias de su interinidad, y propias de quien no tiene el Orden del Episcopado. Lógicamente no debería prolongarse mucho este tiempo de provisionalidad

            Nuestra diócesis tiene una rica historia y damos gracias a Dios por todos cuantos han vivido y servido en ella desde su creación. Así recordamos a nuestro último Obispo, D. Ignacio, ahora sirviendo a la Iglesia que peregrina en Antofagasta. Recordamos a tantos sacerdotes que se han entregado generosamente. Recordamos a los hermanos diáconos y a tantos laicos que con entrega generosa han construido esta diócesis. Y hoy seguimos llenos de riquezas, especialmente la fidelidad y entrega de ustedes y de tantos otros hermanos… Al mismo tiempo estamos necesitados de tantas cosas… sobre todo vocaciones, recursos, etc.

            Pero hoy, al tiempo que damos gracias por toda la historia diocesana y por el camino realizado estos más de 4 meses de “sede vacante”, queremos pedir al Señor que nos envíe el Obispo que nos falta, el Obispo que nuestra Iglesia necesita en estos tiempos. Queremos disponer el corazón para la espera confiada del Obispo que, a través de la mediación de la Iglesia, Dios nos dé. Confiamos en la fuerza de la oración y por ello pedimos especialmente en esta Eucaristía, pero queremos permanecer en esta oración todo el tiempo que dure la espera.

            Ciertamente vivimos un Adviento prolongado, en la espera del Papa Francisco, con toda le Iglesia de Chile. Y, particularmente, en espera de un nuevo Obispo como Iglesia Diocesana.

            Les invito hermanos a seguir celebrando el amor de Dios, el amor que, juntos como Iglesia, vamos viviendo. Amor que recibimos y que queremos seguir entregando, como Iglesia servidora de todos. Así sea.

Gonzalo Espina Peruyero

Adm. Apostólico de Valdivia


HOMILÍA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA 2017

LITURGIA FINALIZACIÓN MES DE MARÍA. DECANATO SAN ANTONIO ABAD

VOCACIÓN DE MARÍA, (Lc 1, 26-38)

(en el Año Vocaciones y Ministerios, en Sede vacante, esperando visita del Papa Francisco)

Catedral – Plaza de la República,

Valdivia 8 de diciembre de 2017

         Queridos hermanos y hermanas, amigos y amigas. Queridos caminantes, peregrinos, de nuestras calles y de nuestras vidas:

I.- María en la Iglesia. María en el Pueblo de Dios.

María de Nazaret, la Virgen Santísima, Madre de Jesucristo y Madre nuestra, nos ha convocado un año más para compartir y celebrar nuestra fe. María, la llena de gracia, que nos acompaña con la riqueza de tantas advocaciones.

La Virgen Inmaculada, criatura única, preservada del pecado, que la Iglesia celebra hoy, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

La Virgen del Rosario, Patrona de nuestra Diócesis, que nos conduce a la contemplación de los Misterios (Acontecimientos) de nuestra fe: gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Junto a tantas otras fiestas en nuestra diócesis, como la de la Candelaria. Y sin olvidar, aquí en la ciudad, nuestra gruta de Lourdes.

Nuestra Señora del Carmen, Patrona de Chile, que protege y acompaña la vida y anhelos de que se realice un “Chile, hogar para todos”, sin excluir a nadie. Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América… y tantas otras por el mundo entero.

María, acompaña la vida de cada cristiano y de toda la Iglesia, ella es imagen y modelo de la Iglesia, como nos recordaba el Papa Francisco en los inicios de su Ministerio, aludiendo a palabras del Concilio Vaticano II.

Efectivamente, hermanos, esta especial relación con María, de tanto arraigo en el Pueblo de Dios, ya fue propuesta por Nuestro Señor Jesucristo desde la Cruz. Nos dice el evangelio según San Juan: “Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’ Luego, dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa” (Jn 19, 26-27). Luego, nos dirá el primer informe de la comunidad de Jerusalén, en los Hechos de los Apóstoles, que María estaba con ellos permaneciendo en oración, en la espera del Espíritu Santo (Cf. Hch 1,14).

II.- Vocación de María, modelo de toda vocación.

En este año en el que, desde las Orientaciones Pastorales de nuestra Diócesis, hemos venido trabajando la línea de acción: Vocación y Ministerios, contemplamos a María como modelo de vocación. Con ella deseamos renovar nuestra vocación bautismal, y cada una de nuestras vocaciones específicas, así como todos nuestros ministerios y servicios.

  • Como María, también nosotros experimentamos de diversas formas, que Dios irrumpe en la normalidad de nuestra vida, y nos sorprende, para contar con nosotros en su plan de felicidad para todos y cada uno.
  • Dios se nos acerca, nos llama por nuestro nombre, nos hace una propuesta capaz de llenarnos de alegría, dándonos su gracia, su amor y cercanía. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”
  • ¿Nos damos cuenta, hermanos, de la grandeza de la llamada y elección de Dios? ¿Nos damos cuenta del gran regalo que es experimentar que Dios pronuncia nuestro nombre, nos declara su amor y nos confía una misión capaz de llenar de sentido nuestra vida? Y esto en cualquier edad y condición.

Les invito por unos instantes a pronunciar en silencio su nombre y a sentir que Dios lo pronuncia y les rodea de su amor y gracia…

  • Nos dice el Evangelio que María “se turbó y se preguntaba…” Seguramente, también nosotros nos turbamos, con tanto amor y cercanía de Dios, y nos preguntamos a qué nos invita Él a cada uno.
  • Como cristianos, ya en el Bautismo, asumimos el compromiso de luchar contra el mal, creer lo que Dios nos ha revelado como amigo, y vivir amándole a Él y a los hermanos, construyendo así su Reino de amor y paz. En la Confirmación recibimos más plenamente el Espíritu para realizar esta misión. La Palabra de Dios ilumina siempre nuestro camino y en la Eucaristía recibimos el alimento para andarlo.
  • Tenemos un gran camino común a todos. Sobre ello, nos queda discernir la vocación y servicio al que hoy nos llama el Señor a cada uno. Hemos de preguntarnos: “yo ¿qué puedo aportar? ¿en qué puedo servir mejor? ¿a qué me está invitando Dios? Esto lo tenemos que hacer todos, desde los niños que han celebrado la Primera Comunión hasta las personas de edad avanzada.
  • El Señor nos va dando señales: en el silencio de la oración, en las invitaciones de otros hermanos en la Iglesia, en los hermanos necesitados, en tantos servicios e iniciativas que necesitan de nuestro compromiso…
  • Ante dudas y dificultades, como a María, Dios nos dice: “No temas”, yo te daré mi gracia, mi Espíritu.
  • Nosotros estamos llamados a seguir el ejemplo de María, confiar y responder afirmativamente. Como el Sí de María, de tanta transcendencia en la Historia de Salvación, también nuestros “Sí” son insustituibles.
  • Me dirijo especialmente a los jóvenes (muchos se han confirmado estos meses, un buen número se han ofrecido como voluntarios papales…). Queridos jóvenes, vivan la vida y la fe, como vocación, como misión de servicio. Darán mucho fruto, harán mucho bien, y esto les hará muy felices. Como les dice el Papa Francisco: Que nadie les robe la fe, la esperanza ni el amor. Sí, construyan una Iglesia y una sociedad mejores. Sepan acoger la sabiduría de los mayores y, con ella, canalicen todas sus potencialidades y creatividad. Jesús confía es ustedes. Confíen también ustedes en Él.
  • El Papa Francisco ha convocado un Sínodo sobre, y con, los jóvenes. Tiene como título “Jóvenes, fe y discernimiento vocacional”. Al Papa, a la Iglesia, le importa mucho los jóvenes y confiamos en ustedes. Nos importan mucho sus opiniones, por ello siguen invitados, hasta el 31 de diciembre, a responder al cuestionario que tienen en la página web del sinodo2018.

III.- María Mujer del Adviento, mujer de Esperanza, alienta nuestra esperanza.

María es figura del Adviento. Modelo de Esperanza y de espera. Pertenecía al resto de Israel, a los anawin, los pobres de Yaveh que se confían enteramente en Dios. Acogió la increíble propuesta de Dios; más allá de no poder comprender cómo, confió, y quedó carnalmente en “estado de buenaesperanza”, y dará a luz al Mesías, al Señor. Acontecimiento a vivir intensamente en la Navidad ya cercana.

Ojalá también nosotros, por la confianza en Dios, vivamos en esperanza y espera confiada, y fecundados por el amor de Dios, engendraremos más a Cristo en nuestras vidas, en la Iglesia y el mundo.

Como Iglesia diocesana, estamos en estado de esperanza y espera, para que nos llegue el nuevo Obispo que la Iglesia de Valdivia necesita, que nos presida y anime en la fe, la esperanza y el amor, en una Iglesia que juntos construimos.

Como Iglesia chilena también esperamos, oramos y preparamos, la visita Papa Francisco, que nos trae la Paz de Cristo, como dice el lema de la visita: “Mi paz os doy”. Una paz que contiene los mejores bienes personales y sociales que podamos desear, una paz que es la alegría del Evangelio.

Preparando estos acontecimientos es que:

Nos alegramos de contar ya, para ir al encuentro con el Papa en Temuco, con más de mil hermanos inscritos y unos cien jóvenes voluntarios papales. La Comisión diocesana sigue trabajando en todos los preparativos, y todos oramos constantemente por el fruto de esta visita. Sin duda, será un gran acontecimiento que, como en todas las visitas que hace el Papa, dará mucho fruto. Estaremos deseosos de escuchar el mensaje de quien viene, en nombre de Cristo, como mensajero de la Paz.

Del lunes 2 al jueves 4 de enero, en el Colegio Salesiano, tendremos la Escuela de Verano, en la que este año queremos acoger la enseñanza del Papa sobre los diversos temas.

A continuación, para el viernes 5 de enero, convocamos a todos a un Encuentro Diocesano en torno a la Eucaristía. Encuentro en el que queremos orar especialmente por la elección de un nuevo Obispo. Encuentro en el que visibilicemos y agradezcamos la riqueza de todas las realidades de nuestra diócesis: parroquias, capillas, comunidades, movimientos, todas las pastorales, actividades y grupos. Porque…, juntos construimos Iglesia.

También tendremos la alegría de culminar el año de las vocaciones con la Ordenación Sacerdotal del joven diácono, religioso de la Preciosa Sangre, Diego Gallardo, en la mañana del 6 de enero, en la parroquia de la Preciosa Sangre.

Que María nos siga llevando a Jesús. Que María aliente nuestra esperanza, nuestra preparación de la Navidad, nuestras esperas como Iglesia, y todas las esperas de cada uno de ustedes, de sus familias, y de todos los necesitados a los que estamos llamados a servir.

Para ello, con las palabras del ángel, y las de su prima Isabel, digan conmigo: Dios te salve, María… 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén

 

Gonzalo Espina Peruyero

Administrador Apostólico de Valdivia


HOMILIA TEDEUM 10º ANIVERSARIO REGIÓN DE LOS RÍOS

Región de Los Ríos:

Agradece y celebra tu Décimo Aniversario.

Dios te bendice y te ofrece “ríos de agua viva”

Isaías 44, 1-5; Salmo 23, 1-6;  Jn 7, 37- 39

 

Catedral de Valdivia, 2 de octubre de 2017

 

            Honorables, distinguidas y estimadas autoridades civiles, militares y religiosas; servidores públicos, señoras y señores, hermanos y hermanas.

            Un aniversario especial, el Décimo Aniversario de la Región, nos convoca para dar gracias, escuchar y pedir, al Dios Creador, Señor de la historia, que acompaña y alienta nuestro caminar.

Felicitaciones, Región de los Ríos. Felicitaciones a cuantos la habitamos. Felicitaciones a cuantos han hecho posible su nacimiento, a cuantos la han cuidado y alimentado en sus primeros pasos, a cuantos con generosidad y esfuerzo constante la han ayudado a crecer para llegar saludable a su “infancia adulta” (10 años). Muy joven aún pero con una madurez que le puede permitir nuevas y prometedoras etapas de desarrollo.

            La celebración de estos 10 Años nos invita a mirar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a proyectar el futuro con esperanza.

Agradecer y ofrecer

            La Liturgia católica reconoce los innumerables dones “fruto de la tierra y del trabajo del hombre” que se reciben de Dios y a él se ofrecen, diciendo: “que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos”. Por ello, miramos agradecidamente tanto don recibido en estos 10 años y se lo ofrecemos a Dios en este Templo y en cada hombre y mujer de esta tierra, “templos vivos” en los que Dios habita.

Agradecer la tierra

            Como no agradecer esta bendita tierra que habitamos: el mar y la cordillera, los ríos y los lagos, el bosque, las praderas y los cultivos. La maravilla de su biodiversidad. La riqueza de su flora y fauna, que nos ofrece tantos productos para una vida saludable.

        Como no agradecer la riqueza hídrica en un tiempo donde el agua, imprescindible para la vida, comienza a ser un bien escaso. Como no agradecer el verde de los campos y los humedales, en tiempos de progresiva desertización de la tierra.

       Valoremos, agradezcamos y celebremos tan precioso don. Lo hemos hecho con el canto inicial, el Salmo de la Creación. Podemos seguir haciéndolo ahora, tomando prestadas las palabras de la poetisa Faumelisa Manquepillán:

Estos ojos que te miran,

fresca y con tantos colores,

naturaleza divina,

con perfumes y sabores.

Permíteme introducirme,

entre tu verde profundo,

y prometo hoy cuidarte,

porque eres lo mejor del mundo. (en Árbol de las 12 voces).

Agradecer el trabajo del hombre

            En esta tierra hay muchas y ricas huellas del trabajo de los hombres.  La historia nos deja numerosos vestigios de una riqueza cultural que guardan nuestros museos y monumentos. Las rucas mapuches, los torreones españoles, las casonas alemanas…, podrían ser símbolos de pueblos y culturas que se entrelazan y nos constituyen. En el pasado más cercano, podríamos considerar: los diversos desarrollos de la agricultura, ganadería y pesca… La siderurgia de Corral, los astilleros, las curtidurías y fábricas de calzado, las fábricas de cerveza… Y, después, la reconstrucción parcial de tanto perdido en el gran terremoto del 60… La creación de la Universidad Austral… etc. Los diversos avatares de la provincia en las diversas organizaciones del territorio…

                 Ya más próximamente, la inquietud, el reclamo creciente y el trabajo por la creación de la Región. Nueva Región para un territorio que se siente postergado y no suficientemente considerado en el concierto nacional.

         En este contexto podemos recordar la primera lectura que hemos escuchado. En ella el profeta Isaías dirige, a un pueblo exiliado y desalentado, un mensaje de confianza y esperanza. “No temas, Jacob (…) porque derramaré mi espíritu sobre tu descendencia…” Es el espíritu que anima lo mejor de cada persona… El que seguramente movilizó a tantos buenos valdivianos que lucharon por su tierra, para que pudiera tener un presente y futuro mejor.

              Cómo no agradecer el trabajo generoso y constante de quienes estuvieron al frente de los Comités pro Nueva Región con el apoyo firme de tantos ciudadanos. Hoy disfrutamos el trabajo callado y desinteresado de quienes trabajaron por el bien de todos.

            Finalmente, cómo no celebrar ese 2 de octubre de 2007, en el que se crea la nueva Región de Los Ríos. Cómo no agradecer al primer Gobierno Regional, así como al primer Consejo Regional (CORE), que les toca dar los primeros pasos llenos de entusiasmo y fuerza. Cómo no celebrar que, con amplía participación de todas las fuerzas políticas, gremiales y sociales en general, se llegue a trazar la “Estrategia Regional de Desarrollo” (2009-2019). Y cómo no agradecer los sucesivos gobiernos y consejos regionales, así como el servicio de cada servidor público, tanto técnicos como del amplio espectro político. Cómo no agradecer la vida y gobierno de cada una de sus 12 comunas. Cómo no celebrar los significativos logros de desarrollo de la nueva Región, por más que, lógicamente, queden muchos desafíos por delante.

Vivir con pasión el presente

            El presente es el mejor tiempo que tenemos para seguir construyendo. Habiendo agradecido el pasado se impone la tarea de discernir el presente. De volver a mirarse y reconocerse. ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?

          Deseando lo mejor para la Región, con un corazón sano y bueno, es aconsejable el ejercicio de salir de las rutinas y de las falsas seguridades, desapropiarse, salir de las zonas de confort y disponerse a volver a entrar en la Región, como en un Templo, como tierra sagrada, con los pies descalzos…

            Es entonces cuando el Salmo de esta celebración nos puede ayudar. En él se trata de una Liturgia de entrada en el Templo de Jerusalén. Un himno que visualiza, tanto el escenario amplio de la Creación como el Templo, como lugar santo de encuentro entre Dios y los hombres que buscan. En el Salmo se pregunta ¿quién puede entrar? Y la respuesta es: “el que tiene las manos limpias y puro el corazón”. Se trata de una rectitud de corazón, liberada de intereses personales para poder buscar realmente el bien común, liberada de prejuicios ideológicos para ver la realidad como es y dejarse interpelar por ella. Se trata de un corazón compasivo que se conmueve, se pone en movimiento, para dar respuesta a la situación de los más postergados.

            Con esta limpieza de corazón, volvamos a entrar en esta santa tierra con respeto y sin temor, para vivir el presente con pasión. Vale decir: sintiéndola como casa propia por la que gastarse y padecer, que es la única manera de amar auténticamente. Así nos amó Cristo, como nos dirá Violeta Parra en uno de sus cantos a lo divino:

Dios s’entregó a padecer
sin tener culpa ninguna
ata’o en una coluna
humilde por su querer.

          Esta tierra es nuestro “aquí” y “ahora”, “con esta gente” y “por ellos”, donde invertir nuestros dones, nuestro amor. Aquí nos cita Dios para ser constructores con él de una sociedad mejor, en el conjunto de Chile, de América y del mundo. Para llenar nuestra vida de sentido, aportando valor a cuantos habitamos y pertenecemos dentro del rico entramado social (familia, trabajo, vecindad, ciudades y pueblos, comunas, región…) Así seremos buenos emprendedores de bienes colectivos y no especuladores de intereses individuales desmedidos.

            Hemos de compartir las miradas para discernir juntos. En este sentido, hemos de mantener y seguir prodigando buenas prácticas de participación ciudadana, así como de encuentro y trabajo colaborativo entre grupos e instituciones (como, por ejemplo, la “Corporación para el Desarrollo de la Región” o la “Corporación Valdivia Ciudad Universitaria y del Conocimiento”; las consultas a la ciudadanía tanto de la administración regional como de las comunas, etc.). Encuentro donde compartir más que competir, donde hacer sinergias y sinfonías de desarrollo de todos, especialmente de los más pobres.

            La Región tiene un buen mapa de ruta a seguir revisando continuamente: la Estrategia Regional de Desarrollo, con buenos lineamentos estratégicos. Desde este lugar, que no es el de las soluciones técnicas, sólo nos cabe enfatizar el lineamento de “inclusión social y calidad de vida”. Que el servicio a las personas esté siempre en el centro de todo. Que la sensibilidad primaria nos lleve a estar atentos a evitar cualquier tipo de exclusión y a prevenir cualquier enfermedad social. En este sentido la mirada del corazón se detiene en los grupos más vulnerables, desde las comunidades originarias hasta los recientes inmigrantes, los adultos mayores, la mujer, los niños desprotegidos, los jóvenes con dificultad para construir su futuro, etc. La atención es reclamada por determinados síntomas de insatisfacción, depresión, violencia contra sí mismo o contra los otros, etc.

Proyectar el futuro con esperanza

            En esta tercera y última parte, comencemos por la iluminación que nos ofrece el Evangelio. El contexto es el de la Fiestas de las Chozas (que nos recuerda nuestras ramadas); fiesta otoñal de acción de gracias por la recolección de la cosecha. Podemos imaginar un ambiente de alegría y satisfacción por los frutos cosechados. Entonces, dice el texto: “Jesús, poniéndose de pie, exclamó: ‘El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí’. Como dice la Escritura: ‘De sus entrañas brotarán ríos de agua viva’. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en Él”.

            A un pueblo satisfecho materialmente y conformado “con lo que hay”, Jesús le despierta, y busca sedientos para ofrecerles la capacidad de que de sus entrañas broten ríos de agua viva.

            En el Te Deum de Fiestas Patrias hacíamos un listado de desafíos para el futuro: salarios insuficientes, persistencia de la exagerada desigualdad, la educación, la salud, las pensiones, el respeto a la vida, la mujer, los pueblos originarios, los inmigrantes, el medio ambiente, el trabajo digno, los valores de la cultura que se está generando y transmitiendo, la depresión, la violencia, etc. Hablábamos de afrontar con esperanza y entusiasmo.

            Sin olvidar aquello, hoy queremos fijarnos más en este desafío del Evangelio: ¿cuál es nuestra sed personal y social?, ¿cuáles son nuestros sueños? Soñemos en grande para luego seguir concretando en “Visiones” de planificación estratégica. Cuando se estaba lejos de materializar la Región hubo quienes la soñaron y trabajaron porque el sueño se hiciera realidad. Conscientemente o no, seguramente el Espíritu de Dios les movió…

            Sigamos soñando que podemos salir del grupo de regiones más pobres y llegar a ser modelo de innovación, de desarrollo sustentable, de integración social, de numerosos emprendimientos cargados de valor social. Que sabemos desarrollar las grandes potencialidades del campo y del mar, del turismo y de la cultura.

            Soñemos con una ecología integral, como nos invita el Papa Francisco, que pronto nos visitará, en su encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común, cuyo valor para nuestro tiempo ha sido tan reconocido, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Se la recomiendo, porque está llena de luz y orientación para la gobernanza del mundo en todos los ámbitos: local, nacional e internacional.

            Dirijámonos a Dios para que de nuestras entrañas broten ríos de agua viva. Para que manen la sabiduría y fortaleza, la defensa y promoción del bien común, el diálogo y concierto, el amor y la responsabilidad… En fin, la creatividad, como capacidad de crear vida.

            Región de Los Ríos, bendecida por Dios, confía en él, que hace posible lo que para nosotros solos no es posible, que mueve nuestros corazones para soñar y realizar grandes cosas. Región de los Ríos, dirígele ahora tu oración al Señor, para que él te dé: “Ríos de agua viva”. A Él el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Gonzalo Espina Peruyero

Administrador Apostólico de Valdivia

 


Diseñado y administrado Juan Latorre.