HOMILIA TEDEUM 10º ANIVERSARIO REGIÓN DE LOS RÍOS

HOMILIA TEDEUM 10º ANIVERSARIO REGIÓN DE LOS RÍOS

Región de Los Ríos:

Agradece y celebra tu Décimo Aniversario.

Dios te bendice y te ofrece “ríos de agua viva”

Isaías 44, 1-5; Salmo 23, 1-6;  Jn 7, 37- 39

 

Catedral de Valdivia, 2 de octubre de 2017

 

            Honorables, distinguidas y estimadas autoridades civiles, militares y religiosas; servidores públicos, señoras y señores, hermanos y hermanas.

            Un aniversario especial, el Décimo Aniversario de la Región, nos convoca para dar gracias, escuchar y pedir, al Dios Creador, Señor de la historia, que acompaña y alienta nuestro caminar.

Felicitaciones, Región de los Ríos. Felicitaciones a cuantos la habitamos. Felicitaciones a cuantos han hecho posible su nacimiento, a cuantos la han cuidado y alimentado en sus primeros pasos, a cuantos con generosidad y esfuerzo constante la han ayudado a crecer para llegar saludable a su “infancia adulta” (10 años). Muy joven aún pero con una madurez que le puede permitir nuevas y prometedoras etapas de desarrollo.

            La celebración de estos 10 Años nos invita a mirar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a proyectar el futuro con esperanza.

Agradecer y ofrecer

            La Liturgia católica reconoce los innumerables dones “fruto de la tierra y del trabajo del hombre” que se reciben de Dios y a él se ofrecen, diciendo: “que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos”. Por ello, miramos agradecidamente tanto don recibido en estos 10 años y se lo ofrecemos a Dios en este Templo y en cada hombre y mujer de esta tierra, “templos vivos” en los que Dios habita.

Agradecer la tierra

            Como no agradecer esta bendita tierra que habitamos: el mar y la cordillera, los ríos y los lagos, el bosque, las praderas y los cultivos. La maravilla de su biodiversidad. La riqueza de su flora y fauna, que nos ofrece tantos productos para una vida saludable.

        Como no agradecer la riqueza hídrica en un tiempo donde el agua, imprescindible para la vida, comienza a ser un bien escaso. Como no agradecer el verde de los campos y los humedales, en tiempos de progresiva desertización de la tierra.

       Valoremos, agradezcamos y celebremos tan precioso don. Lo hemos hecho con el canto inicial, el Salmo de la Creación. Podemos seguir haciéndolo ahora, tomando prestadas las palabras de la poetisa Faumelisa Manquepillán:

Estos ojos que te miran,

fresca y con tantos colores,

naturaleza divina,

con perfumes y sabores.

Permíteme introducirme,

entre tu verde profundo,

y prometo hoy cuidarte,

porque eres lo mejor del mundo. (en Árbol de las 12 voces).

Agradecer el trabajo del hombre

            En esta tierra hay muchas y ricas huellas del trabajo de los hombres.  La historia nos deja numerosos vestigios de una riqueza cultural que guardan nuestros museos y monumentos. Las rucas mapuches, los torreones españoles, las casonas alemanas…, podrían ser símbolos de pueblos y culturas que se entrelazan y nos constituyen. En el pasado más cercano, podríamos considerar: los diversos desarrollos de la agricultura, ganadería y pesca… La siderurgia de Corral, los astilleros, las curtidurías y fábricas de calzado, las fábricas de cerveza… Y, después, la reconstrucción parcial de tanto perdido en el gran terremoto del 60… La creación de la Universidad Austral… etc. Los diversos avatares de la provincia en las diversas organizaciones del territorio…

                 Ya más próximamente, la inquietud, el reclamo creciente y el trabajo por la creación de la Región. Nueva Región para un territorio que se siente postergado y no suficientemente considerado en el concierto nacional.

         En este contexto podemos recordar la primera lectura que hemos escuchado. En ella el profeta Isaías dirige, a un pueblo exiliado y desalentado, un mensaje de confianza y esperanza. “No temas, Jacob (…) porque derramaré mi espíritu sobre tu descendencia…” Es el espíritu que anima lo mejor de cada persona… El que seguramente movilizó a tantos buenos valdivianos que lucharon por su tierra, para que pudiera tener un presente y futuro mejor.

              Cómo no agradecer el trabajo generoso y constante de quienes estuvieron al frente de los Comités pro Nueva Región con el apoyo firme de tantos ciudadanos. Hoy disfrutamos el trabajo callado y desinteresado de quienes trabajaron por el bien de todos.

            Finalmente, cómo no celebrar ese 2 de octubre de 2007, en el que se crea la nueva Región de Los Ríos. Cómo no agradecer al primer Gobierno Regional, así como al primer Consejo Regional (CORE), que les toca dar los primeros pasos llenos de entusiasmo y fuerza. Cómo no celebrar que, con amplía participación de todas las fuerzas políticas, gremiales y sociales en general, se llegue a trazar la “Estrategia Regional de Desarrollo” (2009-2019). Y cómo no agradecer los sucesivos gobiernos y consejos regionales, así como el servicio de cada servidor público, tanto técnicos como del amplio espectro político. Cómo no agradecer la vida y gobierno de cada una de sus 12 comunas. Cómo no celebrar los significativos logros de desarrollo de la nueva Región, por más que, lógicamente, queden muchos desafíos por delante.

Vivir con pasión el presente

            El presente es el mejor tiempo que tenemos para seguir construyendo. Habiendo agradecido el pasado se impone la tarea de discernir el presente. De volver a mirarse y reconocerse. ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?

          Deseando lo mejor para la Región, con un corazón sano y bueno, es aconsejable el ejercicio de salir de las rutinas y de las falsas seguridades, desapropiarse, salir de las zonas de confort y disponerse a volver a entrar en la Región, como en un Templo, como tierra sagrada, con los pies descalzos…

            Es entonces cuando el Salmo de esta celebración nos puede ayudar. En él se trata de una Liturgia de entrada en el Templo de Jerusalén. Un himno que visualiza, tanto el escenario amplio de la Creación como el Templo, como lugar santo de encuentro entre Dios y los hombres que buscan. En el Salmo se pregunta ¿quién puede entrar? Y la respuesta es: “el que tiene las manos limpias y puro el corazón”. Se trata de una rectitud de corazón, liberada de intereses personales para poder buscar realmente el bien común, liberada de prejuicios ideológicos para ver la realidad como es y dejarse interpelar por ella. Se trata de un corazón compasivo que se conmueve, se pone en movimiento, para dar respuesta a la situación de los más postergados.

            Con esta limpieza de corazón, volvamos a entrar en esta santa tierra con respeto y sin temor, para vivir el presente con pasión. Vale decir: sintiéndola como casa propia por la que gastarse y padecer, que es la única manera de amar auténticamente. Así nos amó Cristo, como nos dirá Violeta Parra en uno de sus cantos a lo divino:

Dios s’entregó a padecer
sin tener culpa ninguna
ata’o en una coluna
humilde por su querer.

          Esta tierra es nuestro “aquí” y “ahora”, “con esta gente” y “por ellos”, donde invertir nuestros dones, nuestro amor. Aquí nos cita Dios para ser constructores con él de una sociedad mejor, en el conjunto de Chile, de América y del mundo. Para llenar nuestra vida de sentido, aportando valor a cuantos habitamos y pertenecemos dentro del rico entramado social (familia, trabajo, vecindad, ciudades y pueblos, comunas, región…) Así seremos buenos emprendedores de bienes colectivos y no especuladores de intereses individuales desmedidos.

            Hemos de compartir las miradas para discernir juntos. En este sentido, hemos de mantener y seguir prodigando buenas prácticas de participación ciudadana, así como de encuentro y trabajo colaborativo entre grupos e instituciones (como, por ejemplo, la “Corporación para el Desarrollo de la Región” o la “Corporación Valdivia Ciudad Universitaria y del Conocimiento”; las consultas a la ciudadanía tanto de la administración regional como de las comunas, etc.). Encuentro donde compartir más que competir, donde hacer sinergias y sinfonías de desarrollo de todos, especialmente de los más pobres.

            La Región tiene un buen mapa de ruta a seguir revisando continuamente: la Estrategia Regional de Desarrollo, con buenos lineamentos estratégicos. Desde este lugar, que no es el de las soluciones técnicas, sólo nos cabe enfatizar el lineamento de “inclusión social y calidad de vida”. Que el servicio a las personas esté siempre en el centro de todo. Que la sensibilidad primaria nos lleve a estar atentos a evitar cualquier tipo de exclusión y a prevenir cualquier enfermedad social. En este sentido la mirada del corazón se detiene en los grupos más vulnerables, desde las comunidades originarias hasta los recientes inmigrantes, los adultos mayores, la mujer, los niños desprotegidos, los jóvenes con dificultad para construir su futuro, etc. La atención es reclamada por determinados síntomas de insatisfacción, depresión, violencia contra sí mismo o contra los otros, etc.

Proyectar el futuro con esperanza

            En esta tercera y última parte, comencemos por la iluminación que nos ofrece el Evangelio. El contexto es el de la Fiestas de las Chozas (que nos recuerda nuestras ramadas); fiesta otoñal de acción de gracias por la recolección de la cosecha. Podemos imaginar un ambiente de alegría y satisfacción por los frutos cosechados. Entonces, dice el texto: “Jesús, poniéndose de pie, exclamó: ‘El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí’. Como dice la Escritura: ‘De sus entrañas brotarán ríos de agua viva’. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en Él”.

            A un pueblo satisfecho materialmente y conformado “con lo que hay”, Jesús le despierta, y busca sedientos para ofrecerles la capacidad de que de sus entrañas broten ríos de agua viva.

            En el Te Deum de Fiestas Patrias hacíamos un listado de desafíos para el futuro: salarios insuficientes, persistencia de la exagerada desigualdad, la educación, la salud, las pensiones, el respeto a la vida, la mujer, los pueblos originarios, los inmigrantes, el medio ambiente, el trabajo digno, los valores de la cultura que se está generando y transmitiendo, la depresión, la violencia, etc. Hablábamos de afrontar con esperanza y entusiasmo.

            Sin olvidar aquello, hoy queremos fijarnos más en este desafío del Evangelio: ¿cuál es nuestra sed personal y social?, ¿cuáles son nuestros sueños? Soñemos en grande para luego seguir concretando en “Visiones” de planificación estratégica. Cuando se estaba lejos de materializar la Región hubo quienes la soñaron y trabajaron porque el sueño se hiciera realidad. Conscientemente o no, seguramente el Espíritu de Dios les movió…

            Sigamos soñando que podemos salir del grupo de regiones más pobres y llegar a ser modelo de innovación, de desarrollo sustentable, de integración social, de numerosos emprendimientos cargados de valor social. Que sabemos desarrollar las grandes potencialidades del campo y del mar, del turismo y de la cultura.

            Soñemos con una ecología integral, como nos invita el Papa Francisco, que pronto nos visitará, en su encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común, cuyo valor para nuestro tiempo ha sido tan reconocido, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Se la recomiendo, porque está llena de luz y orientación para la gobernanza del mundo en todos los ámbitos: local, nacional e internacional.

            Dirijámonos a Dios para que de nuestras entrañas broten ríos de agua viva. Para que manen la sabiduría y fortaleza, la defensa y promoción del bien común, el diálogo y concierto, el amor y la responsabilidad… En fin, la creatividad, como capacidad de crear vida.

            Región de Los Ríos, bendecida por Dios, confía en él, que hace posible lo que para nosotros solos no es posible, que mueve nuestros corazones para soñar y realizar grandes cosas. Región de los Ríos, dirígele ahora tu oración al Señor, para que él te dé: “Ríos de agua viva”. A Él el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Gonzalo Espina Peruyero

Administrador Apostólico de Valdivia

 


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