Mensaje en el domingo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

 Hermanos y hermanas,

Este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia celebra a Jesús como Buen Pastor. Coincide con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, un día que une a todo el Pueblo de Dios en la oración por las vocaciones. Por ello, déjenme felicitarles por la común vocación bautismal y por su vocación específica. Permítanme también unas palabras sobre la vocación.

Más allá de los paradigmas de la modernidad y posmodernidad, representados en las expresiones “Pienso, luego existo” y “Siento, luego existo”; estamos invitados a experimentar que “Soy llamado/amado, luego existo. Somos más que pensamiento y que sentimiento, sobre todo somos seres llamados a la vida, personas amadas llamadas a amar,

Si nadie pronuncia nuestro nombre, si nadie nos ama, si en nuestra vida no hay “tus” a los que amamos, es como si no existiéramos, nuestra vida estaría vacía. Pero, afortunadamente, somos llamados por Dios que nos crea para amarnos e invitarnos a la grandeza de amar. Efectivamente, todos estamos llamados a vivir una historia de fe y amor, a discernir nuestra vocación particular, el modo concreto de amar y servir, desde las necesidades de la Iglesia y del mundo y desde nuestras posibilidades y dones.

Necesitamos personas valientes que arriesguen su vida confiando en las promesas de Dios, como lo expresa el Papa Francisco en su mensaje para esta Jornada Vocacional. Personas que vivan la alegría de dar vida a otros y el gozo de trabajar por un mundo mejor. Es el caso de tantas personas ejemplares, santas conocidas y anónimas. En esta ocasión les señalo a Francisco de Asís que, en tiempos de crisis, escuchó la voz de Jesús que le decía “reconstruye mi Iglesia que está en ruinas”. Él ha sido el santo del Evangelios sin glosa, el santo de los pobres y de la fraternidad universal, el santo de la Creación… Sigamos el ejemplo de Francisco y de tantos otros que no se dejaron robar los sueños y la esperanza.

Hoy deseo invitar a todos, especialmente a los jóvenes, a soñar en grande, a jugarse la vida por los más necesitados, a confiar en las promesas de Dios, a trabajar por las causas más nobles y justas, a rendir nuestros dones y talentos, a discernir las respuestas que hoy estamos llamados a dar.  

Como diócesis continuaremos trabajando, desde este portal, e n ayudarles a descubrir su vocación, a la vida, a la fe y al amor; con testimonios y reflexiones. Agradeciendo el don de su vida, fe y amor, el don de su servicio, el don de su vocación, me despido fraternalmente, su hermano en el Señor,

Gonzalo Espina Peruyero

Administrador Apostólico de Valdivia


Diseñado y administrado Juan Latorre.