En qué estamos

Mes a mes el R.P. Gonzalo Espina, Administrador Apostólico de la sede vacante de la Diócesis de Valdivia nos presenta el acontecer de nuestra comunidad.

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El pasado 3 de junio, en la solemnidad de Corpus Christi, comenzó el camino de Cristo Eucaristía que irá al encuentro de las comunidades de la diócesis. Esta peregrinación se enmarca en el Congreso Eucarístico, y se ofrece como un tiempo especial para adorar a Cristo.

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Al mediodía en la Catedral, el padre Gonzalo Espina Peruyero, Administrador Apostólico sede Vacante, presidió la Eucaristía en la que fue bendecida la Custodia peregrina. Representantes de la Diócesis, agentes pastorales de EME, EPE y del Instituto Inmaculada Concepción ingresaron junto a los diáconos permanentes y al sacerdote en la procesión de entrada, signo del Pueblo de Dios que peregrina al encuentro de Cristo Vivo.

Durante la homilía, el padre Gonzalo destacó la alianza eterna de Jesús con su pueblo que renueva su Amor quedándose en la Eucaristía, “El nos da un mensaje ‘cuenta conmigo para siempre, incondicionalmente’, y lo hace quedándose en la Eucaristía ‘tomen y coman este es mi cuerpo; tomen y beban esta es mi sangre’, es decir ‘tomen mi persona; soy Yo el que me dono a ustedes’. De manera que toda la vida cristiana tiene como centro la Eucaristía, y desde ahí somos invitados a ser y a vivir agradecidos ‘por todo el bien que nos ha hecho’ al ser ese don mismo de Dios que en su Hijo se dona a nosotros por Amor… Quien está agradecido, vive eucarísticamente ofreciendo su propia vida al servicio de los demás porque no hay alegría mayor que darse por amor. No hay mayor gozo que experimentar que mi propia vida da vida a otros; ello emana del encuentro con Cristo en la Eucaristía. Ojalá que esta Solemnidad en la que bendecimos la Custodia peregrina, que va a recorrer todas las parroquias y comunidades de nuestra Diócesis, nos ayude como Pueblo de Dios a crecer en amor a Cristo, a ponerlo al centro como Camino, Verdad y Vida que es, para así fructificar en El y ser signos del Reino a toda la humanidad, en especial a los más pobres y desposeídos”, concluyó.

Tras la homilía fue presentada la custodia a los fieles y elevando la oración al Cielo, quedó bendecida, lista para portar a Cristo Eucaristía que será adorado recorriendo las diversas parroquias y comunidades de la Diócesis.

Tras la Comunión, los fieles reunidos en la Iglesia Catedral vivieron un instante profundo de Adoración al Santísimo Sacramento unidos a Iglesia chilena y a cada rincón de la diócesis de Valdivia. Tras la Adoración, y tras recibir la bendición con el Santísimo, Jesús Sacramentado salió en procesión, junto a los Agentes Pastorales, bendiciendo a su paso a todo el Pueblo Fiel de Dios.

Tras la Bendición, la custodia permanecerá toda esta semana en la Capilla del Sagrario del Templo Catedral donde habrá Adoración de 11 a 12 hrs., previo a la Eucaristía; recorrerá sectores aledaños al sector parroquial, entre ellos la Universidad Austral de Chile y, como era de esperar, el 8 de Junio saldrá de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario recorriendo los ríos del Calle-Calle con la travesía desde Niebla al Puerto de Corral donde le esperarán los fieles de la Parroquia Nuestra Señora del Tránsito, para retornar el 14 de Junio nuevamente a Niebla y llegar el 20 a la Parroquia Santa Inés desde donde llegará al Instituto Inmaculada Concepción, el 26, para seguir peregrinando por los Decanatos San Antonio en Valdivia y San José con sus Parroquias y Comunidades urbanas y rurales.

Fuente: Comisión de Comunicaciones del Congreso Eucarístico Diocesano


El pasado 21 de mayo en el templo Catedral de Valdivia, se reunieron autoridades civiles y militares para conmemorar los 200 años de vida de la Armada de Chile y recordar a los héroes del Combate Naval de Iquique.

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A las 10:30 horas iniciaba la celebración presidida por r.p. Gonzalo Espina, Administrador Apostólico de la sede vacante de Valdivia, quien fue acompañado por el padre Fernando Proboste, Capellán de  Ejército, el diácono Víctor Hugo Guerrero, y toda la asamblea presente,

En su homilía el padre Gonzalo realizó una breve reflexión a partir de las lecturas que se compartieron, con el fin de “que agradecidos, ampliemos horizontes, superemos peligros y, renovando la fe, naveguemos hacia otras orillas, es decir, nuevas metas.”

La primera parte de la intervención del Administrador Apostólico de Valdivia tuvo relación con el Agradecer, “¿cómo no agradecer el tiempo de paz y desarrollo? Por más que estemos en deuda con mayor justicia y solidaridad”. A continuación la palabras del padre Gonzalo se refirieron a los Grandes Horizontes, horizontes divinos, señalando que “El mar abierto nos coloca automáticamente ante amplios horizontes. La mirada se alarga, el corazón se expande, la mente conecta con el infinito, al ir hacia un horizonte que se escapa siempre más allá, que se deja contemplar pero no atrapar”, para a continuación advertirnos de tener cuidado de no encallar en cualquier costa que limite nuestros horizontes, y más bien continuar navegando con una carta de navegación constituida de valores como la generosidad, la solidaridad, el esfuerzo, etc.

Un tercer momento de la homilía fue sobre la fe, la fe que nos permite afrontar las dificultades. Sobre esto el presbítero expreso que “sin fe, el miedo nos puede paralizar y los temores se pueden cumplir, como “profecías autocumplidas”, lo que contrapuso con el hecho de que “la fe renovada en Dios y, desde Él, en los demás y en nosotros mismos, nos llena de confianza y fortaleza, para afrontar con valentía las dificultades, venciéndolas, también aunque nos cuesten un tramo de la vida pasajera”.

Finalmente, la homilía finalizo con un llamado a navegar siempre hacia nuevas aguas, a cruzar a la otra orilla. “Agradecidos por la ruta ya recorrida, seguir soñando nuevos horizontes y, tras los necesarios descansos, poner las máquinas en marcha hacia mejores servicios a la Patria, a los litorales y sus gentes, a todo lo que desde la propia competencia se pueda aportar al bien común”, finalizó el presbítero.

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El frío no pudo detener a la Iglesia Valdiviana, que a las 19:30 horas del pasado martes 15, se reunían en el templo Catedral de Valdivia para entrar en oración. La Hora Santa unió a toda la comunidad diocesana.

Tres momentos compusieron la oración que convoco a todas las parroquias del decanato San Antonio Abad. Un primer momento de penitencia, uno de renovación bautismal, y finalmente un momento eucarístico. Toda la oración fue acompañada de música, y de una animación que fue desmenuzando la carta que el Papa Francisco hiciera llegar a la Iglesia chilena.

La oración fue dirigida por el padre Gonzalo Espina, Administrador Apostólico de la sede vacante de Valdivia, y el padre Nelson Huaiquimil, Vicario General de la diócesis, quienes fueron asistidos por el diácono Pablo Reyes. Entre los asistentes se encontraba gente venida de todas las parroquias del decanato San Antonio Abad, religiosas y religiosos, así como todos los párrocos.

En este primer momento se pidió al Señor que ilumine el encuentro en Roma, para que permita dar los primeros pasos que restituyan la justicia perdida y quebrada. Además se profundizo en la necesidad de limpiarse de soberbias para aceptar con humildad los errores cometidos, como lo señalo el Papa Francisco en su carta.

A continuación se abordó el sentido del bautismo, que nos hace Pueblo de Dios. Los animadores fueron señalando la importancia del laicado en su tarea evangelizadora, en su ser discípulos misioneros de Cristo. Además se tomó parte del mensaje del Papa a los obispos en Chile del pasado mes de enero: “Los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados”.

El tercer momento consistió en una adoración al Santísimo Sacramento del Altar. Luego cual se dio por finalizada la oración, pero se invitó a mantener una actitud orante durante este tiempo en que la Iglesia vive dificultades que pueden tornarse en frutos de gran alegría para todo el Pueblo de Dios.

El decanato San José también se sumó a esta oración a través del calendario que cada parroquia preparó para el pasado martes.


Diseñado y administrado Juan Latorre.